10 tips para convertirte en un smoothie master

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Ahora que estamos en verano me pasa que por alguna (y bendita) razón me da mucho menos hambre. Corrijo: me da hambre de cosas más livianas.

Hay pocas cosas que ame más que las frutas de verano: duraznos, damascos, frutillas, cerezas (aunque creo que nunca más comeré cerezas en la vida porque me hacen pésimo, snif), melones, y sobre todo SANDÍA. Podría comer sandía todo el día, todos los días. Por siempre.

Es por eso que mi desayuno favorito del verano son los smoothies: frescos, dulces y llenadores si se hacen bien. Para los que no saben, los smoothies son batidos de fruta (y verduras, si quieres) mezclados con algún líquido, hielo y otras bellezas. Puedes leer el post que hice sobre ellos hace un tiempo en este link.

Pero hoy te vengo a aconsejar para que seas un pro del smoothie, los hagas fáciles, ricos, nutritivos y sin tanto leseo. ¡Adelante!

1. Prepara con antelación

Si tienes un día especial en la semana dedicado a cocinar para los otros días (los míos suelen ser domingo y miércoles), agrega los smoothies a tu lista. Puedes lavar, cortar y dividir los ingredientes en bolsas individuales para el congelador para la semana (o el mes). Etiqueta las bolsas con el tipo de smoothie que es, e indica qué líquido necesitas agregarle a cada uno. Así, cuando llegue la hora del smoothie, sólo los pones todos en la licuadora, agregas el líquido, apretas el on, ¡y listo!

2. Ten siempre plátanos congelados

Especialmente los que están maduros pero aún comestibles. Son la mejor forma de darle dulzura, textura y contundencia a los smoothies, porque cuando se derriten no agúan la mezcla como el hielo. A menos que no te gusten las bananas. Ahí otra opción es el mango, que es bacán porque ahora venden congelado en el super y no son tan caros y son DELICIOSOS. Además les da un toque tropical sensual ñam.

3. ¡Agrega verde!

Cuando hago smoothies verdes (los mejores para la salud), generalmente es agregando haaarta espinaca a la mezcla. Es increíble para la digestión, lo juro, y casi no tiene sabor. Y todo queda de un verde hermoso, solo cuidado con el espacio entre tus dientes. Especial para los flojitos de las ensaladas.

4. Llénate de proteína

Las comidas líquidas demoran cuatro veces menos en digerirse, por lo que es probable que a media mañana MUERAS de hambre. Frustrante. Para que eso no pase, agrega proteínas a su contenido. Polvo de proteína (de esos de deportistas), mantequillas de nueces (maní, almendras), semillas, yogurt natural… son perfectos para aumentar su poder saciador.

5. Juega con los polvitos

No sólo el polvo de proteína es mágico, yo lo que hago para darle mayor consistencia a mi smoothie es remojar avena un rato en agua caliente para que se ablande y agregarlo a la mezcla para aumentar la fibra y el poder saciador. También queda mortal con semillas y  frutos secos. Una de las mejores es la harina de linaza. Deliciosa y MEGA sana (¿alguien dijo Omega3?)

6. Congela los líquidos

Si te gustan los smoothies espesos pero quieres evitar usar hielo (repito: agúan la mezcla, y harto), congela los liquidos en cubeteras de hielo. Puedes poner los cubos en bolsas plásticas para tener variedad a toda hora. Puedes congelar cualquier tipo de leche (de vaca, de almendras, soya…) café, yogurt, o lo que más te guste agregar.

7. Licúa y congela

Puedes congelar tus smoothies ya listos y tenerlos con anticipación. Una estrategia preparar tu smoothie para la semana y dividir las porciones en frascos con tapas, con cuidado de dejar espacio entre el líquido y la tapa, porque se expanden (science, bitches). Otra estrategia que no he probado pero muero de ganas es congelar la mezcla lista en moldes de helados de paleta y comerlos con palito! 😀

8. Trabaja las capas

Hay una forma correcta de preparar un smoothie para que quede perfecto. Y créanme, se nota la diferencia. Siempre parte con la mitad del líquido en el fondo del recipiente. Luego agrega los ingredientes blandos como furtas y verduras, luego los ingredientes duros como los congelados, semillas y nueces, y termina con la otra mitad del líquido. Estas capas ayudarán a que tu licuadora trabaje de forma más eficiente y rápida, además de cuidar tu licuadora.

9. Prepara la noche anterior

Si sabes que no tendrás tiempo en la mañana para preparar tu desayuno, deja la licuadora cargada la noche anterior poniendo el jarro con los ingredientes en el refigerador (ojalá con tapa). En la mañana te levantas, haces andar la licuadora y listo.

10. Licúa para limpiar

La peor parte de hacer smoothies es limpiar la licuadora. Pero un hack muy simple es enjuagar levemente la licuadora bajo la llave del agua, luego llenar con agua tibia y un poco de lavalozas y echar a andar la licuadora. Se despegará toda la pulpa y voilà!

 

 

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