Lugares: Tartine Bakery [San Francisco]

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Si te gusta la panadería, es muy probable que hayas oído o leído sobre Tartine.  Mi primera aproximación a esta tienda fue cuando leí Cooked, de Michael Pollan (sí, el mismo del documental de Netfilx). En el capítulo dedicado al pan, Pollan describe el pan de Tartine como el mejor que ha probado en su vida, y acude a su creador Chad Robertson para explicar la ciencia detrás de una buena hogaza, e incluso comparte su receta para el pan de masa madre.

Después de leer el libro, el nombre de Tartine se fue repitiendo en mis lecturas en internet, y me di cuenta de que se trataba de uno de los referentes más importantes en la reciente revaloración de la panadería tradicional con masa madre. Le fui siguiendo la pista, y cuando supe que mis vacaciones incluían a San Francisco en su itinerario, se convirtió en peregrinaje obligado.

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Tartine Bakery está a unas cuadras del precioso y entretenido barrio de Castro (Guerrero 600 es la dirección exacta). Es un local muy sencillo, la verdad es que no llama la atención para nada cuando estás ahí. Yo tuve suerte, porque había leído que los fines de semana la fila para comprar es interminable. Fuimos un día feriado, y aunque tuvimos que hacer una pequeña fila, hacer el pedido no tomó más de 10 minutos.

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Y es aquí donde empieza lo bueno. La fila se hace para elegir entre los productos exhibidos en la vitrina del local, y todo se ve increíble. Es muy difícil elegir, la verdad, y sabiendo que no volveríamos al menos en mucho tiempo, pedimos todo lo que se nos antojó. ¿Chanchos? Un poco, sí. Pero valió absolutamente la pena.

En un principio pedimos el croissant, la galleta con chips de chocolate, el croque monsieur y el coconut cream pie.

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Lo primero que probé fue el croissant. Como todo en Tartine, tiene un color intenso y muy dorado. Y lo mejor, es que es GIGANTE. Sinceramente creo que es el croissant perfecto. Crujiente por fuera, muy suave por dentro, de sabor ligero y bastante liviano. El glaseado lea aporta un dulzor mínimo, pero perfecto. Me encantó que, siendo una preparación con mucha mantequilla, no se sintiera nada pesado.

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La galleta con chips de chocolate fue lo que menos me gustó. No es que no fuera deliciosa, pero no era mi estilo de galleta. Súper crujiente, delgadita, y lo mejor, con muuuchas nueces. Muy rica, pero no es lo que espero de una galleta con chips de chocolate. Quizás es porque me obsesioné con las de Daniel’s Bakery en Ñuñoa, y estas son muy diferentes. Pero definitivamente valen la pena.

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El coconut cream pie es absolutamente el mejor postre que he comido en mi vida, y voy a tratar de describirlo. Su base es una masa de hoja súper crujiente y suave, cubierta por un capa fina de chocolate amargo. Está relleno por una livianísima crema de coco y cubierto con hojuelas de coco tostado. Suena increíble, pero no es nada comparado con lo delicioso que se siente al comerlo. Voy a intentar replicarlo, porque de vez en cuando la recuerdo y solo quiero volver a probarlo  😥

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El croque monsieur fue nuestra elección salada. Es un sandwich típico francés, que tradicionalmente lleva queso, jamón mantequilla y salsa bechamel. El de Tartine es maravilloso porque está preparado como un tartine (sin tapa), y además de los ingredientes tradicionales lleva tomate. Es muy muy muy rico, pero sobre todo porque está preparado sobre una rebanada de pan de campo crujiente y perfecta. Lo que nos lleva a la estrella del local: el pan.

SAMSUNG CAMERA PICTURESElegimos el famoso country bread, y aunque no lo comimos ahí mismo, pudimos apreciar su perfección hasta UNA SEMANA después de comprarlo. Me explico: lo compramos el penúltimo día que estuvimos en San Francisco, y desde entonces todo fue locura. Esos días con suerte estuvimos un par de horas en el Airbnb, y de ahí nos fuimos a Los Ángeles de vuelta, donde estuvimos en un hotel donde no había ni cuchillo para cortarlo. Una noche, sí, muertos de hambre, cometimos el crimen de sacrificar el pan. Nos comimos casi la mitad con la mano, sin nada. Y creo que, aunque accidentada, fue una excelente forma de probarlo. Sin mantequilla ni nada, el pan es PERFECTO. Su miga es húmeda y firme, y su sabor es bastante ácido. La corteza era muy crujiente y profundamente dorada.

Pude pasar el resto del pan que quedaba (como se ve en la foto, es GIGANTE) en el vuelo de regreso a Chile, y se mantuvo perfecto. Al final la corteza ya estaba algo chiclosa, pero había pasado casi una semana, y con unos segundos en el tostador quedaba impecable. Realmente se  notan los años de experimentación y perfeccionamiento de Chad Robertson para elaborar su pan. Si no han leído sobre él, deberían, porque es un ejemplo de dedicación y respeto por el producto. Y cuando lo pruebas, te das cuenta de que no son sólo palabras. En serio es el pan más delicioso que existe.

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Para terminar, no nos aguantamos y nos fuimos a dar una última vuelta por la vitrina. Elegí el Passion Fruit and Lime Bavarian Cake. Aunque no soy fan de las tortas de bizcocho, esta no me defraudó en lo absoluto. Primero, porque soy fanática del maracuyá (passion fruit, en inglés) y del coco. No podía ser malo. Pero además, se repite que es muy liviano y está preparado a la perfección.

Uno podría pensar que salimos rodando del local, pero la verdad es que no. Todo está tan bien preparado y es tan livianito que seguramente podríamos haber seguido, jajaja. Tartine no es barato, pero todo vale la pena. Aquí están los proecios:

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Conocer Tartine es una experiencia que definitivamente hay que tener si eres amante del buen pan. Yo estaba como adolescente en un concierto de One Direction (¿existen todavía?), y una de las cosas que más me gustó es que el local pasa completamente a segundo plano. Es todo muy sencillo, y las mesas son compartidas. Lo importante aquí es la comida.

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Tartine se ha convertido en un negocio tan exitoso que abrieron una sucursal a pocas cuadras, Tartine Manufactory. Según he visto en fotos, es mucho más producido y hipster, además que ofrecen más platos (almuerzos, cenas, brunch). No lo pude ir a conocer por cuestión de tiempo, pero me alegro de haber conocido el local original.

Si van a San Francisco, es una experiencia que no se pueden perder. Yo, por mi parte, pretendo comprar los libros de Tartine,  dedicados al pan y a sus productos de pastelería. A ver si logro al menos acercarme a esa perfección, pero lo dudo.

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